Historia de amor suicida

Historia de amor suicida

No sabía cómo hacerlo, Periculum. Primero, intenté llegar a ti como lo hace un adulto. Con mi camisa del domingo y mi corbata, unas gafas de intelectual y libros, muchos libros. No estuvo mal, para ser la primera vez. Pero el χάος, ‘caos’, nos llevó demasiado lejos. Tanto es así que tuve que dejarte. Había descubierto en mí todo un mundo de razones y pensamientos profundos que no pude soportar. Me obsesioné tanto que perdí el juicio de tanto razonar qué era lo que más me interesaba. Al final razonaba como un vanidoso y sólo para sacar el máximo partido de cada situación. Es cierto que aprendí muchas cosas y que dejé de creer en viejos fantasmas, pero aquello no iba a funcionar.

Fue después de un tiempo que me atreví a decirte adiós en un paso de peatones. Era verano y  sentía ganas de empezar una aventura. Así que tuve la idea de acercarme a ti de nuevo, esta vez, como un niño. Si bien al principio aquello fue sobre ruedas, pronto observé mis carencias. Me convertí, en un par de meses, en un individuo incapaz de hacer otra cosa que no fuera saciar su instinto. No tuvo nada de malo hasta que un día maté con mis propias manos a un amigo que quiso darte un beso. Aquello me trajo de vuelta a la realidad. Tú me lo dijiste. Necesitábamos un descanso.

Y así hasta hace un par de semanas, cuando reflexioné al leer un libro de filosofía que decía lo siguiente: “Al tiempo de todo lo anterior, que juega un papel fundamental para comprender el mundo, el hombre ha ido creando a lo largo de la evolución toda una gama de valores en los que se sustentan los pilares de las sociedades actuales. Estos valores, que en muchas ocasiones están al margen de la naturaleza o surgen de ella para, en último término, acabar contradiciéndola, son simples convenciones que los humanos han decidido que debían ser respetadas y que han pasado a formar parte de nuestro pensamiento, como algo introducido sin saber muy bien por qué, que está ahí y es bueno o malo por pura tradición. En gran parte los seres humanos son sólo aquello, lo único profundo que han creado para sus adentros como base del pensamiento”. Cerré el libro y salí corriendo hacia tu casa. Ahora sí sabía cómo hacerlo. A partir de ahora mis decisiones no serían las de un adulto más, ni las de un niño. Te lo iba a decir. Pensé que estaba loco pero me iba a acercar a ti como un suicida. Iba a ser capaz de defender esos valores tuyos como si fueran míos, aunque la razón me dijera que me causaría un perjuicio como la muerte, aunque mi instinto me dijera que ese día no iba a comer. El adulto y el niño se suicidaron de camino a tu casa, y así me presenté en tu puerta, tembloroso y empapado, pues era otoño, y en la calle llovía. Llamé al timbre, y saliste desnudo, me miraste a los ojos y supiste que esta vez iba en serio. Nunca olvidaré cómo me besaste y llevo aquel beso conmigo allá donde vaya. Ahora sé que no había otra forma de acercarme a ti más que dejando atrás todo lo que poseía. Me deshice de todo y gané la libertad. Lucharé por ti, Periculum.

Historia de amor suicida

4 Responses

  1. Gonzalo Mora
    Gonzalo Mora 7 de noviembre de 2009 at 18:21 ·

    Me gustaría saber la fuente del entrecomillado del libro de filosofía.
    Gracias.

  2. J.Segovia
    J.Segovia 15 de noviembre de 2009 at 19:20 ·

    Gonza. El texto entrecomillado no es una cita tomada de ningún libro que no sea el delirio del protagonista.

  3. s.
    s. 2 de febrero de 2011 at 21:14 ·

    amor suicida o historia suicida?
    desde aqui se ve como el contrario de un suicidio.

  4. J. Segovia
    J. Segovia 4 de febrero de 2011 at 16:44 ·

    Este relato, adolescente, no muy elaborado y de los primeros para la revista, pretendía transmitir al lector el valor de quien es capaz de arriesgar o dejar todo por algo. Venía a cuento por aquello de hablar del “riesgo”. Ahora se me hace pesado y carente de valor literario. Es la verdad.

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